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Durante todo este tiempo el Centro Cultural de España, centro oficial de la Agencia Española de Cooperación Internacional, ha cumplido un rol muy importante en la proyección de los trabajos que ha venido desarrollando la nueva generación de artistas dominicanos. En esta ocasión le ha tocado a la artista Susan Mézquita presentar su primera individual la cual no solo se limita al grabado, un área en la que la artista se ha destacado en numerosas ocasiones, sino que incursiona en la pintura. La obra de Susan Mézquita trae consigo la herencia del feminismo clásico, la cual se hace cada vez mas pragmática, respetando todas las posturas y acogiendo todas las tendencias, pero siempre potenciando la voz y la visibilidad de las mujeres. En sus cuadros no es necesario elaborar la unidad esencial del cuerpo y el alma, simplemente está presente. La composición espiritual del alma y la omnipresencia del cuerpo no son separables la una de la otra, sino que se hacen. La técnica del dripping y los grandes formatos con los cuales trabaja, desfigura la materialidad escénica de sus composiciones, acrecentando de esa manera la sensación de vacío que las define. El manejo de esta técnica no permite que se describa situaciones claras y acabadas, mas bien nos presenta un sistema de relaciones totalmente abierto, del que puede surgir un discurso comunicativo que impide hasta cierto punto adoptar una posición clara, anulando de esta manera las coordenadas tan decisivas en nuestra vida como lo son las del espacio y el tiempo. Esta vez Mézquita no trata de separar espíritu-alma-conciencia por un lado y cuerpo material por otro, sino que los presenta como si fueran conjuntos complementarios relacionados el uno con el otro, diluyendo el cuerpo como elemento figurativo, de modo que toda la obra adquiere una apariencia semiastracta o minimal. Se trata de una abstracción del espacio en el que se condensa una experiencia temporal determinada. Y es que el cuerpo pasa ser una metáfora, un paisaje, un cambio, un tránsito entre la vida y la muerte. Susan Mézquita ha sabido transformar el espacio de la obra en un espacio de reflexión, que necesita romper a través de los limites de los géneros singulares. En cuerpo y alma es una demostración de que el cuerpo nunca estará separado de la parte espiritual que deviene del alma, porque este es un complemento que exalta la condición humana y da sentido a la esencia del hombre. |